Antes que nada, ¿de dónde procede el té?
El té se elabora a partir de las hojas de té, pertenecientes a una especie de arbusto llamada Camellia sinensis o, más comúnmente, planta del té. Se cultiva principalmente en Asia, en particular en China, India, Sri Lanka y Vietnam. Las hojas secas forman parte de la preparación de la bebida al infusionarse en agua caliente durante unos minutos.
Existen textos que dan fe del consumo de té en China desde finales de la Antigüedad. Su consumo está muy extendido y es apreciado por sus supuestas virtudes medicinales. A continuación, el té se extiende progresivamente por toda Asia antes de conquistar Europa en la época del Renacimiento. La bebida se prescribe en un principio para combatir los dolores de cabeza o los problemas de digestión, para luego ir ganando popularidad poco a poco.
Las diferentes variedades de té
El té negro, el té verde o el té blanco proceden de la misma especie. Tras la cosecha, las hojas de té se someten a diferentes tratamientos para ofrecer variedades de té con sabores distintos. Muy delicado, el té blanco se compone de brotes jóvenes secos. Al estar muy poco oxidado, el té blanco conservaría una gran parte de sus antioxidantes.
El té verde se expone directamente al calor para evitar la oxidación. Como no está fermentado, sus antioxidantes se conservan además mejor. En cuanto al té negro, se somete a un proceso de fermentación antes de secarse. El resultado es un té muy oxidado, especialmente rico en teína. Al igual que el café, el té negro es apreciado por sus propiedades estimulantes.
Las supuestas propiedades de las hojas de té para la salud
Las hojas de té contienen polifenoles, una familia de moléculas producidas por las plantas para protegerse de las agresiones externas. Los polifenoles resultan ser, en particular, potentes antioxidantes. En 2012, el American Journal of Clinical Nutrition publicó un estudio realizado con 75 000 mujeres chinas consumidoras habituales de té verde. En él observaron que el consumo de té verde reduciría el riesgo de cáncer de colon, estómago y esófago.
Son los polifenoles los que tendrían la capacidad de prevenir el desarrollo de cánceres. La EGCG («galato de epigalocatequina»), también presente en el té, prevendría la formación de radicales libres para regular el estrés oxidativo. Otro estudio llevado a cabo por investigadores estadounidenses demuestra por su parte la capacidad natural del té verde para reducir la presión arterial. Gracias a su acción antiinflamatoria, podría incluso lograr disminuir los niveles de colesterol.
El té es una bebida con múltiples beneficios de los que sería un error privarse. En Kusmi, le acompaña desde la mañana hasta la hora de dormir. Empiece el día con buen pie con una gran taza de English Breakfast bio, el té negro para el desayuno. A la hora de la merienda, tómese un descanso reconfortante con una taza de té verde a la almendra bio. Para acompañarle a los brazos de Morfeo, ya no podrá prescindir del rooibos Lovely Night.